Philologica Canariensia 28 (2022), pp. 135-138                                                              

ISSN: 2386-8635

DOI: https://doi.org/10.20420/Phil.Can.2022.472                                                                                                                                                                           

Recibida: 25 de abril de 2022; aceptada: 29 de abril de 2022

Publicada: 31 de mayo de 2022

 

 

 

Leonardo Sciascia, Sicilia, su corazón. Trad. y ed. de Lorenzo Cittadini y Giovanni Caprara, pról. de Miguel Ángel Cuevas. Málaga: El Toro Celeste, 2021. 80 páginas. ISBN: 978-84-123313-3-2.

 

 

Antonio Díaz Mola

Universidad de Málaga

 

 

Con objeto de celebrar el primer centenario del nacimiento de Leonardo Sciascia (08/01/1921), Lorenzo Cittadini y Giovanni Caprara llevaron a cabo en el pasado año la difícil e inédita tarea de traducir a nuestro idioma Sicilia, su corazón, una pequeña serie de poemas que datan de 1952 en la que el poeta de Racalmuto, muy joven entonces, decidió cantar a su aldea, a su origen, a la raíz que lo vinculaba a un temperamento muy determinado. La obra, dividida en dos secciones, presenta un total de veinticuatro textos, la mayoría de ellos breves, y ha sido publicada en edición bilingüe por “La Federica”, la nueva colección de poesía que codirigen Alberto Escabias Ampuero y Pedro J. Plaza González dentro del sello editorial El Toro Celeste. Asimismo, el volumen se abre excepcionalmente con unos manuscritos originales del propio Sciascia, seguidos de un espléndido prólogo del italianista Miguel Ángel Cuevas, y se cierra con un diálogo a tres bandas entre los traductores, Cittadini y Caprara, y Gigi Restivo, representante de Casa Sciascia (Racalmuto).

La primera sección, que lleva por nombre el título de la obra, consta de ocho poemas. A través de ellos, el poeta ofrece la imagen y la expresión de su tierra natal: las costumbres, el influjo de los periodos estacionales, lo doméstico, lo inquietante, lo íntimo. De tal manera, en el primer poema, “Sicilia, su corazón”, Leonardo Sciascia escribe: “Como Chagall, quisiera capturar esta tierra” (2021, 21); una declaración de intenciones en virtud de la cual se pretende el honesto ejercicio de dibujar la experiencia de lo propio frente a lo ajeno. Así, con un espíritu comunal, el poeta expone que “las golondrinas / tejen con sus vuelos la tarde, / esta triste tarde mía que es tuya” (2021, 23). La interpretación de un himno se detecta en el recorrido que existe de lo particular a lo universal, por lo tanto, atendiendo al verso citado, es posible pensar que el poeta aspira a diseñar una emoción de comunión en la que el lenguaje personal se proyecta hacia una red de múltiples identificaciones. Operando dentro de esta tensión enunciativa de reciprocidad, cabría destacar el siguiente verso: “vivo como nunca, cerca de mis muertos” (2021, 27). No solamente el ser humano vive entre los vivos. El recuerdo que se tiene de los que vivieron con uno, aunque sea fragmentado, también se manifiesta y se consolida, y lo hace como una reconciliación que pretende unir y asentar lazos —pese a las diferencias que puedan existir entre amigos, vecinos y familias—, algo así como una Sicilia cohesionada.

En este sentido, es importante rescatar la evocación anterior del himno, porque en estos poemas se canta lo plural. Otra prueba de ello figura en el texto titulado “Family Reunion”, donde el poeta apunta: “y en los ojos de los demás me reconozco / sin piedad, pena exiliada / que disuelve el tiempo humano en acres sílabas” (2021, 31). Aquí cobra relevancia la mirada en la comunicación con los otros, esto es, en el acto transformador de reconocerse parte de otras partes. La disolución aludida del tiempo influye en la manera que el poeta adopta para explicar tal disolución. En efecto, no hay nada más natural que sentirse integrado en el lugar de nacimiento con aquellas otras personas que practican las mismas costumbres que nosotros. Y no hay piedad, por consiguiente, en el acto de mirar en otros lo que somos, porque justo de ahí nace la verdad poética que caracteriza a Leonardo Sciascia. Una poética, por lo demás, excepcional, ya que desborda una rigurosa belleza decadente. Obsérvese el siguiente ejemplo extraído del poema “Hic et nunc”: “Soy una estatua mutilada / en el fondo de un agua clara” (2021, 33). El título del texto es muy revelador: se presiente lo inmediato, y dicha inmediatez representa una inmersión profunda, como la del que sueña para encontrar lo maravilloso. La estatua mutilada encarnaría, así, la propia noción de cuerpo: el peso que cae para quedarse ahí, fijo e imborrable. Y lograda con sublime sutileza late la combinación “agua clara”, metáfora de Racalmuto, lugar que ha de continuar siendo bañado por la corriente de sueños y propósitos que el poeta perseguirá durante toda su trayectoria vital, literaria y política. De hecho, en su andadura “el pueblo es como un bajel que zarpa” (2021, 33), no ya por su voluntad, sino por la inercia de encarnar el conjunto de una sociedad en aquello que escribe. En consecuencia, la importancia de la elaboración del poema radica en albergar en su proceso un sentir de enriquecimiento sensorial que vincula numerosas formas de habitar Sicilia, como si a lo largo de la obra se descifrara una receta capaz de explicar lo que se omite en la propia escritura, por ejemplo, la forma en que un príncipe siciliano se desmaya o el ímpetu con que el calor veraniego cruje en la madera. En cualquier caso, la receta sciasciana resulta necesaria para la aproximación al insomnio del poeta: “Y he estado escondido en mí, / ciega presa asustada, / sin memoria ni esperanza de luz” (2021, 35).

De tal modo, la memoria, la esperanza y la luz pueden relacionarse con el sueño. Todo ello es primordial para edificar una Sicilia desde lo que se sueña, o lo que se recuerda haber soñado, ya que lo restante —el insomnio incluido— es una cárcel que aleja la mirada poética del estado onírico por el cual se penetra hacia instantes cargados de recuerdo. Es este el apetito universal característico de la obra, y actúa como detonante para la transición hacia la segunda sección del poemario, titulada “Hojas de diario”, en la que abunda el desfile de la memoria personal, y lo ejecuta el poeta de manera lúcida, pues lo consagra al sentido unitario de la sección primera. Al estilo de un itinerario, son constantes las alusiones a etapas del recorrido personal —empírico y soñado—, pasando por localizaciones como Siena, Roma o San Gimignano. En esos viajes anota el poeta distintos momentos dignos de trascendencia, ya sea esta derivada de un profundo trasfondo filosófico o del impulso de convertir en palabra la ocasión que favorece el silencio del asombro. Así en “Abril”, como testigo y observador analítico del mundo que sueña, y luego escribe, dice: “Miro encenderse el juego de los muchachos, / una riña ligera que se encanta / de luz, busca su propio corazón de música” (2021, 53). Ese alboroto hogareño de la infancia se vuelve partitura, melodía de otros años ya perdidos; pero en el sentido del diario está recuperar lo que se fue, dotando la palabra de rememoración y de celebración. Consecuentemente, el carácter festivo de esta segunda parte se combina con tonos melancólicos que muestran la complejidad del pensamiento adulto, del desengaño, de la certeza de que no hay retorno. Sin embargo, el impedimento de volver a otra época se contrarresta con estas hojas de diario que asientan, como la citada melodía, un pasado inscrito a una partitura que el poeta silba o canta o poetiza.

En “Invernal” teoriza el autor sobre aspectos de calado existencial, y ofrece su definición al respecto: “Existir: rayar / la plancha de plomo del aburrimiento” (2021, 61). La realidad, para quien pretende conocerla, presenta una gran cantidad de desafíos. La propuesta de existir venciendo el aburrimiento se insertaría dentro del plan artístico de Charles Baudelaire. Este paralelismo teórico entre el simbolista francés y Leonardo Sciascia se justifica en otra secuencia: “pedir al plomo / su ilusoria alma de plata” (2021, 61). En esa afirmación hay rastros de poética alquímica, de forzar la palabra hasta dar a luz otro espacio semántico. Del proceso de observancia adquieren los poemas de Sicilia, su corazón una relación humana más allá del texto, es decir, ocurre algo connatural a nuestra naturaleza psíquica, que va de la realidad exterior al texto. No inventa el poeta una ficción de poder persuasivo, sino que el poema en Sciascia se convierte en espejo de un convencido recorrido vital. Con frecuencia se compara el habitar poético con la producción poética, lo que en el caso de nuestro autor resulta un hecho inseparable. Adviértase la sucesiva imagen de “Roncesvalles”: “tocar en este valle de muerte / el lúgubre cuerno que traspase los años, / entregar al eco emboscado / ese lamento feroz” (2021, 67). El viaje conlleva el descubrimiento de la historia de los lugares visitados. En este caso, también figura la aceptación de un pasado épico, en cuyo folclore oral se presiente un “lamento feroz”.

Así, en una interpretación sui generis de este diario, se proclama lo doméstico como resultado de una larga cadena de eslabones que conecta lo presente con acontecimientos históricos: “Y Cristo es verdadero” (2021, 67). De nuevo la aceptación trasciende un valor puramente literario, ajustándose, a modo de confesión, a una esfera personal más íntima y rotunda. Esta confesión culmina en “Noche”, la última hoja de diario: “La noche se despliega ciega sobre las casas. / En ella queda un calco atroz / de nuestra vida” (2021, 69). Tras una detallada lectura de reconocimiento, puede concluirse que Sicilia, su corazón evoca una cercanía entre vida y poesía, dos caras de la misma moneda. Con un pulcro lenguaje de claridad y misterio cada poema es tentativa de ser más que poema. Textos alejados de la conversación y del discurso, pero que, por su afán de universalidad, funcionan como herramienta comunicadora de cualesquiera órdenes lingüísticos. Esta versatilidad supone, a mi juicio, la mayor riqueza del poemario: su poliédrica esencia de sentido que facilita la adaptación a tantos lectores y situaciones. Pier Paolo Pasolini ya vio en este breve libro un fiel testimonio de hombre comprometido con los paisanos de su patria chica, Racalmuto. Conviene recordar, en fin, lo que declara Miguel Ángel Cuevas en el prólogo a la obra: “El corazón de Sicilia al que el título alude es su centro” (2021, 15). Efectivamente, la voz que airea y da cobertura a estas páginas es revivida, maleable de deseo, por quienes la siguen como un signo identitario.

 

Nota sobre el autor

 

Antonio Díaz Mola cursó el Grado en Filología Hispánica en la Universidad de Málaga. Ha sido galardonado con el XII Premio de Poesía Joven RNE y Fundación Montemadrid, publicando, en consecuencia, su primer libro de poemas, Apostasía (Pre-Textos, 2020). Ha ganado, asimismo, el Premio de Poesía Ateneo de Málaga en el año 2019, así como el XXXII Certamen González Waris o el I Certamen del Museo del Vino de Málaga. Ha participado en diversas antologías como Yo y mi sombra, libro abierto (“Monosabio”, Ayuntamiento de Málaga, 2021) o Cornvcopia (El Toro Celeste, 2021). Ha colaborado con revistas como Analecta MalacitanaZendaEstación Poesía o Parnaso.

 

 

 

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