Philologica Canariensia

Revista de Filología de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

20 (2014), pp. 115-133

eISSN: 2386-8635

DOI: https://doi.org/10.20420/PhilCan.2014.0022

 


 

EL PROEMIO A LAS ANTIGÜEDADES ROMANAS DE DIONISIO DE HALICARNASO: APUNTES PARA LOS PRIMEROS PASOS DEL CLASICISMO HISTORIOGRÁFICO

 

 

MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ HORRILLO

Universidad de Zaragoza

RESUMEN

Se examinan los criterios estructurales del proemio de las Antigüedades romanas de Dionisio de Halicarnaso con especial atención a su relación con los apuntes del autor sobre el proemio de Tucídides, y también los aspectos de construcción de la frase, para definir las pautas estilísticas del proemio y ubicarlo en la polémica literaria de su tiempo.

PALABRAS CLAVE: Dionisio de Halicarnaso, Clasicismo, estilo, proemio.

ABSTRACT

This article examines the structural criteria of the proem of Dionysius’ Roman antiquities, with special attention to their relation with the author’s ideas about the general proem of Thucydides. It also pays attention to the phrase, in order to define the stylistic rules of the proem and its place in the literary polemic of Dionysius’ time.

KEY WORDS: Dionysius of Halicarnassus, Classicism, style, proem.

 

 

Defendía Eduard Schwartz que la historiografía sólo podía alcanzar buen puerto cuando veía la luz en periodos de crisis: el pensamiento del sabio alemán, forjado en el yugo del gran ideal tucidídeo bajo los golpes de una época convulsa donde las hay[i], cerraba la puerta a la comprensión de otros modos de hacer historiografía. Esta tendencia deparó una imagen ciertamente negativa de los historiadores griegos del siglo primero antes de la era, aquejados por una parte de volver su vista a tiempos remotos –huyendo de la difícil realidad presente–, y de depender de fuentes de fiabilidad dudosa.

Los avances en el conocimiento de la vertiente literaria de estas obras, y entre ellas la de Dionisio de Halicarnaso, todavía en parte condenada a un vacío que poco a poco va siendo subsanado[ii], han permitido juzgar de manera ajustada la naturaleza y significación de estas obras, que en el caso que nos ocupa goza de una importancia innegable.

El clasicismo literario que marcará los compases de la literatura griega en fechas posteriores tiene su punto de arranque en lo que a la historiografía se refiere con la obra que nos ocupa, escrita por un teórico de la literatura, y que sienta en gran manera las líneas maestras de la futura evolución literaria del género historiográfico. A pesar de esta importancia, poca ha sido la atención brindada en tiempos recientes a los aspectos puramente estilísticos de la obra, salvo el estudio pionero de Usher y algunos apuntes sin afán de exhaustividad[iii]. Ante esta situación, nos proponemos estudiar los resortes empleados por Dionisio de Halicarnaso en la confección del proemio general de su obra historiográfica, a fin de determinar los fundamentos literarios que rigen la factura formal de esta sección de la obra.

 

I. ESTRUCTURA: REMINISCENCIAS E INNOVACIONES

La estructuración del proemio de las Antigüedades Romanas[iv] esconde una serie de reminiscencias y juegos que son buena vía para el estudio de la tradición de esta parte de la obra en el marco del género historiográfico. En líneas generales, el proemio es un buen ejemplo de una complejidad estructural realmente medida: la linealidad en la expresión de las ideas dificulta la delimitación de las secciones que lo componen, cosa sólo posible si atendemos a los términos clave que sustentan el peso organizativo del proemio.

1. A grandes rasgos, el proemio se divide en cuatro grandes secciones, dos centrales más extensas rodeadas por dos apartados de menor extensión, de carácter introductorio y conclusivo respectivamente. La primera de ellas, que permite a Dionisio centrar el tema del proemio, está dedicada a la presentación de las dos grandes líneas que dirigirán la reflexión sobre la historiografía, las ὑποθέσεις y las ἀφορμαί, que centrarán el interés del autor en la segunda y tercera de las secciones del proemio respectivamente. La última de las secciones supone una suerte de proemio–resumen, es decir, una condensación de los capítulos previos, desempeñando a su vez un importante papel en el desarrollo de las estrategias de mímesis literaria que, de forma muy discreta pero eficaz, salen al paso en el proemio con una naturaleza muy característica.

Dejando para más tarde el análisis de estos aspectos, el siguiente punto que atraerá nuestra atención es el examen de los mecanismos que facilitan la cohesión y la continuidad del pensamiento, una de las claves estilísticas de los proemios, como señaló Hammond de manera clara para el caso de Tucídides, y que se materializa en el empleo estudiado de las “partículas”, uno de los caballos de batalla del estudio de la lengua común y que en el caso de Dionisio no ha sido todavía abordado de manera profunda[v].

El análisis de estos elementos, atendiendo fundamentalmente a su función estructural en el proemio, presenta una preponderancia clara del elemento γάρ, dada la fuerte naturaleza reflexiva del proemio. Goza de gran peso este elemento, en teoría con poca fuerza en Dionisio[vi], gracias a su funcionamiento sistemático a lo largo del proemio, como refuerzo estructural, no sólo en aras de garantizar la continuidad del pensamiento proemial, sino para sustentar la estructura interna de las diferentes secciones que por su simplicidad –ideal general, razonamiento y conclusión–, tiene una efectividad considerable dentro de su sencillez.

Para lograr una mejor comprensión de esos resortes, parece conveniente articular su funcionamiento de manera esquemática a fin de percibir la compleja estructuración del mismo y el funcionamiento de esos nexos lógicos:

 

1. INTRODUCCIÓN (I 1)

[ἀναγκάζομαι]–Decisión de dedicar el proemio a la reflexión sobre la historiografía (I 1, 1).

[γάρ]–Dos grandes líneas de reflexión sobre la historiografía: ὑποθέσεις y ἀφορμαί (I 1, 2).

[γάρ]–Digresión: Justificación de la necesidad de armonizar la atención brindada a las ὑποθέσεις y las ἀφορμαί (I 1, 3–4).

– Conclusión: Por estas razones ha decidido prestar especial atención a ambos aspectos, y hacerlo en el proemio (I 1, 4).

PRIMERA PARTE (I 2–6): Análisis de las ὑποθέσεις: τὸ καλόν, ἡ μεγαλοπρέπεια, y ἡ ὠφέλεια.

A) τὸ καλόν ἡ μεγαλοπρέπεια:

A.1) Cuestiones generales:

A.2) Razonamiento de la elección de los periodos más antiguos de Roma:

 

  1. ἡ ὠφέλεια:
    1.     Aspectos generales (I 5, 2):
      • [ἀφηγήσομαι]–Intención de narrar los hechos para que sea posible a los lectores beneficiarse de la verdad gracias al conocimiento de los hechos y los medios empleados para la consecución de los primeros. Peligros del odio en la comprensión del pasado.
    2.     Aspectos concretos (I 5, 3):
      • [γε δή]–La historia primitiva de Roma es un modelo de virtudes.
        •    El odio es algo que debe ser desterrado en el examen de lahistoria de Roma.
        •    Digresión: Los predecesores de Dionisio (I 5, 4–6, 2).
    3.     ἡ ὠφέλεια (I 6, 3–5):
      • [δή]–La falta de una narración seria de estos periodos impide el beneficio que ello supone:
      • [μέν]–Beneficio para aquellos que serán recordados por sus acciones

(I 6, 3).

 

PROEMIO RESUMEN (I 8):

Una lectura atenta del esquema propuesto permite ver de qué manera tan estudiada Dionisio conduce el pensamiento a lo largo del proemio, por medio precisamente del empleo meditado de las denominadas partículas, cuyo sentido primario se conserva con gran vivacidad: los diferentes elementos presentan un sentido claro y una funcionalidad lógica y expresiva claramente delimitada y especializada que da razón a la prudencia demostrada por Laserre en el análisis de la posición de estos elementos en el estilo de Dionisio. Dentro de cada uno de los apartados se recurre al empleo de una “partícula” que favorece la continuidad, o al uso –como es lógico en un proemio–, de la primera persona como arranque de un nuevo razonamiento, que da paso al referido γάρ como elemento introductorio de las ideas derivadas de ese razonamiento. En ocasiones se recurre a la acumulación de ideas por medio de los conectores μὲν… δέ, sin que asistamos en la mayoría de los casos a simples correlaciones, sino al desarrollo de estructuras triples (I 6, 3–6; I 8, 1–3), o incluso al empleo combinado de estos elementos con otros de sentido enfático (I 5, 3; I 7, 4; 8, 1).

En definitiva, asistimos a un desarrollo fuertemente lineal de las estructuras del proemio, empleando como apoyo un sistema de organización del razonamiento que remonta al proemio tucidídeo e incluso al de Hecateo, y que tan útil se muestra para el desarrollo de un pensamiento complejo como el del proemio historiográfico[viii]. Así, la presentación de una idea inicial –en muchos casos respaldada por la aparición de la primera persona– se ve seguida por un razonamiento introducido por γάρ al que sigue una afirmación de valor conclusivo introducida por δή, con un fuerte valor enfático[ix].

2. El empleo de estas estructuras se combina con un modo de entender la labor literaria bajo los postulados de la mímesis[x] que nos lleva directamente al mundo tucidídeo que el propio Dionisio exploró en el Sobre Tucídides. El análisis que el de Halicarnaso propuso del proemio a la obra de Tucídides tenía como mayor crítica la falta de linealidad en su exposición, en lo que era obviamente una incomprensión de los antiguos mecanismos de composición anular que recorrían el proemio del historiador ateniense[xi]. Dionisio se atrevía incluso a proponer una versión del proemio en la que se eliminaba la denominada “Arqueología” precisamente en aras de lograr esa linealidad que caracteriza al proemio de las Antigüedades romanas[xii]. Una comparación de ambos proemios a la vista de estas observaciones extraídas del tratado retórico nos permite comprender claramente cómo la estructura del proemio tucidídeo subyace reelaborada bajo el modelo de Dionisio, empleando precisamente como recurso para ese ejercicio de μίμησις el proemio–resumen final, que tanta importancia tenía en el desarrollo de las estructuras anulares como elemento conclusivo. Este proemio–resumen recogía muchas de las ideas expuestas a lo largo de los pasajes anteriores y, dado que en tiempos de Dionisio la estructura anular de la que dependía era algo obsoleto, se abría ante este autor un abanico de posibilidades para otorgarle una nueva funcionalidad.

Un examen del proemio de la obra que nos ocupa nos permite ver rápidamente cómo el contenido de mayor peso proemial se concentra en ese proemio–resumen, en tanto que el resto del proemio (I 1–7) se había empleado para desarrollar cuestiones referidas a la idea de historiografía que Dionisio explora también en su producción retórica[xiii]. Lo realmente interesante es ver cómo esa primera sección, de naturaleza fuertemente lineal y con excursos perfectamente encapsulados, encaja en el desarrollo del proemio–resumen de manera perfecta. De este modo, la estructura que Dionisio criticaba en el proemio de Tucídides[xiv], con sus continuas rupturas del hilo del pensamiento, se puede reconstruir en el proemio de las Antigüedades romanas, en un modelo que presenta incluso en primer lugar el arcaico ἄρχομαι, recogido por ἄρχομαι δ᾽ἐνθένδε al final de la estructura que resultaría de colocar cada una de las secciones exploradas en los capítulos uno a siete bajo los diferentes puntos desarrollados en el proemio–resumen:

 

ἄρχομαι μὲν οὖν τῆς ἱστορίας ἀπὸ τῶν παλαιοτάτων μύθων, οὓς παρέλιπον οἱ πρὸ ἐμοῦ γενόμενοι συγγραφεῖς χαλεποὺς ὄντας ἄνευ πραγματείας μεγάλης ἐξευρεθῆναι· (I 8, 1).

 Los predecesores de Dionisio y su crítica (I 5, 4–6, 2).

καταβιβάζω δὲ τὴν διήγησιν ἐπὶ τὴν ἀρχὴν τοῦ πρώτου Φοινικικοῦ πολέμου τὴν γενομένην ἐνιαυτῷ τῆς ὀγδόης καὶ εἰκοστῆς ἐπὶ ταῖς ἑκατὸν ὀλυμπιάσιν. (I 8, 2)

A) τὸ καλόν y ἡ μεγαλοπρέπεια:

                                         A.1) Cuestiones generales (I 2, 1–3, 6).

                                                             A.2) Razonamiento de la elección de los periodos       antiguos de Roma (I 4, 1–5, 1).

ἀφηγοῦμαι δὲ τούς τε ὀθνείους πολέμους τῆς πόλεως ἄπαντας, ὅσους ἐν ἐκείνοις τοῖς χρόνοις ἐπολέμησε καὶ τὰς ἐμφυλίους στάσεις ὁπόσας ἐστασίασεν, ἐξ οἵων αἰτιῶν ἐγένοντο… πολιτειῶν τε ἰδέας διέξειμι πάσας… καὶ συλλήβδην ὅλον ἀποδείκνυμι τὸν ἀρχαῖον βίον τῆς πόλεως. (I 8, 2).

B) ἡ ὠφέλεια:

                                                     B.1) Aspectos generales (I 5, 2).

                                                     B.2) Aspectos concretos (I 5, 3).

σχῆμα δ᾽ ἀποδίδωμι τῇ πραγματείᾳ οὔθ᾽ ὁποῖον…. ἀλλ᾽ ἐξ ἁπάσης ἰδέας μικτὸν ἐναγωνίου τε καὶ θεωρητικῆς… ἀποχρώντως ἔχουσα φαίνηται. (I 8, 3).

  B.3) ἡ ὠφέλεια (I 6, 3–5).

ἡ μὲν οὖν ἱστορία περὶ τοιούτων τε γενήσεται πραγμάτων καὶ τοιούτου τεύξεται σχήματος. ὁ δὲ συντάξας αὐτὴν Διονύσιος εἰμι Ἀλεξάνδρου Ἁλικαρνασεύς· (I 8, 4).

Análisis de las ἀφορμαί (I 7). ἄρχομαι δ᾽ἐνθένδε.

La reconsideración de esta estructura hace patente todavía más si cabe esa importancia de la primera persona en el desarrollo del proemio, lo que es un rasgo que caracterizaba de manera clara los proemios de la prosa arcaica, de la cual Dionisio tenía tan buen conocimiento[xv]. De este modo, el autor afronta la elaboración de la estructura de su proemio en atención a la tradición literaria previa, pero atendiendo a las nuevas sensibilidades formales y estilísticas que se plantean en su época. Esa combinación estudiada de modernidad y tradición es precisamente uno de los secretos de estilo de Dionisio.

II. ESTILO

Las particularidades del estilo de Dionisio de Halicarnaso son, en gran manera, una cuenta pendiente de la crítica. Por desgracia no contamos con una exposición detallada del estilo de Dionisio más allá de los valiosos apuntes de Usher, y los pocos estudios al efecto tienen gran antigüedad y se han centrado en la cuestión del hiato, más interesante para la edición de textos que para la comprensión de los mismos[xvi].

  1.   El examen de los hechos nos permite ver, como señaló Usher, que los usos de Dionisio apuntan a una λέξις κατεστραμμένη que alcanza unos niveles poco habituales en el género historiográfico[xvii]. Pero dentro de esa sofisticación, el desarrollo de la expresión no cae en una cierta monotonía, sino que, dada la especial complejidad del estilo proemial, el autor recurre de manera sistemática a unos recursos que se acercan a los datos planteados por Usher, pero con la particularidad no menor de que, a nuestro entender, éstos deben entenderse bajo una idea que caracteriza en líneas generales la expresión estilística de Dionisio en todos sus órdenes, como es la deliberada evitación del paralelismo en todos los niveles de la composición literaria. No se trata, en lo que a nivel de frase se refiere, de una simple cuestión de alteración del orden de palabras en un sentido lingüístico, sino a la ruptura de secuencias paralelas creadas de manera intencionada por parte de Dionisio, para modificar una de ellas de tal modo que no llegue exactamente a coincidir con la primera. Como punto de partida se toma, pues, una estructura simple –como puede ser una estructura μέν–δέ– para proceder a su desarrollo de manera prodigiosa y romper de manera deliberada la estructura paralela de origen, como ocurre, por ejemplo, en I 1, 3–4.

Esta tendencia estilística se consigue gracias al empleo sistemático de recursos como el desarrollo de estructuras participiales y el empleo del hipérbaton, con una regularidad distributiva considerable, dentro, una vez más, de esa tendencia fuertemente organizada que caracteriza los usos estilísticos de Dionisio.

Y es que, a nivel oracional, la ruptura de los paralelismos a lo largo del proemio se realiza por medio del desarrollo de complejas estructuras participiales y de subordinación que alteran la posible construcción en espejo de dos secciones. A modo de ejemplo, la complejidad del parágrafo tercero se produce básicamente por el profuso y meditado desarrollo del sujeto, mediante el empleo de participios –en este caso con un primer elemento del que dependen–, coordinados por medio de εἴτε…εἴτε, y dos participios más, que se presentan con una ordenación muy diversa, dado que el primero ocupa la posición central, rodeado de sus dos complementos coordinados, y el segundo ocupa la posición final, con un nuevo hipérbaton de uno de sus complementos. Lo que es el cuerpo central de la oración, el predicado, apenas alcanza dos líneas, algo realmente escaso frente a las seis del sujeto, y además presenta de nuevo una estructura doble con variación (I 1, 3):

Οὔτε τῆς γνώσεως ζηλοῦνται παρὰ τοῖς ἐπιγιγνομένοις

Οὔτε τῆς δυνάμεως ἐπαινοῦνται

A nivel sintagmático también se da cita esta tendencia a evitar el paralelismo. Un buen ejemplo de este recurso lo podemos ver en el segundo capítulo del proemio. Tras una sección inicial abierta con un breve periodo en el que observamos usos medidos al modo isocrateo, –con el famoso desplazamiento al centro del segmento más relevante,[xviii] οὐ μακρῶν οἶμαι δεήσειν λόγων… (I 2, 1)–, se abre un amplio y complejo pasaje en el que recursos ya conocidos se dan cita, como el uso de participios coordinados dependientes del sujeto, con la consiguiente descompensación entre sujeto y predicado. Todo ello se presenta en oposición a un periodo principal triple que de nuevo se presenta descompensado en el desarrollo de un triple complemento circunstancial en el que, frente a un elemento simple, se presenta el desarrollo profuso de la complementación de dos de los elementos:

 

Οὐ μόνον] κατὰ τὸ μέγεθος τῆς ἀρχῆς 

Καὶ ] κατὰ τὸ κάλλος τῶν πράξεων ἅς οὔπω κεκόσμηκε λόγος οὐδεὶς ἀξίως 

Ἀλλὰ καὶ] κατὰ τὸ μῆκος τοῦ περιεληφότος αὐτὴ χρόνον μέχρι τῆς καθ᾿ ἡμᾶς ἡλικίας


  1.  Otro rasgo a destacar dentro del estilo de Dionisio en el proemio, y que demuestra una vez más su estudiada versatilidad, es la capacidad para adaptar de manera coherente el estilo empleado al contenido que se da cita en cada una de las secciones: la necesidad expresiva de lo contado y el cómo contarlo son dos aspectos interdependientes que refuerzan la importancia de esa capacidad literaria de Dionisio. El propio proemio nos sitúa ante tres modalidades claras de estilo que nos confirman esa riqueza, modalidades que se ajustan en su distribución y, como era de esperar, con los apartados estructurales indicados antes.

De este modo, los primeros seis capítulos del proemio se presentan con un tono general estilístico en el que la fuerte tendencia reflexiva favorece el desarrollo a su más alto nivel de los recursos hasta ahora presentados, en tanto que con la llegada al capítulo séptimo, dada su naturaleza autobiográfica, asistimos a un nivel de estilo que bien podríamos denominar como mixto: la combinación de pasajes de reflexión (I 7, 1) con pasajes meramente narrativos depara una cierta convivencia de estilos, a medio camino entre la complejidad estudiada de los primeros capítulos y la relativa sencillez que nos saldrá al paso en la última de las secciones del proemio, que venimos denominando como proemio–resumen. La especial construcción de todo este capítulo favorece la aparición de estructuras propias de la λέξις εἰρομένη, con correlaciones μὲν… δέ (I 8 1; 2; 4), combinadas con el desarrollo de una leve subordinación –en la mayoría de los casos oraciones relativas o interrogativas indirectas (I 8, 2–3)–, en un modo ya observado.

  1.       Este rápido examen de la construcción de frase en el proemio nos deja una serie de resultados dignos de tener en cuenta, que en muchos casos entran en clara contradicción con las propuestas, como decimos, no sistemáticas, de la crítica en torno al estilo de Dionisio.

Definir como hace Usher, el estilo de las Antigüedades Romanas como periódico, es dar cuenta de una realidad presente casi de manera exclusiva en la prosa desde el siglo IV (Usher, 1982, 828). Lo que es más interesante es constatar el avance que en este aspecto podemos observar en Dionisio quien –más allá de los porcentajes– presenta, especialmente en el proemio, un grado de λέξις κατεστραμμένη realmente elevado, acentuando así la tónica general en el resto de su obra (Usher, 1960, 368).

Sin embargo, una de las características más destacables del estilo de Dionisio en el proemio es la mixtura de variedades de estilo, que se adaptan a las necesidades de expresión de cada sección del proemio. La fuerte carga conceptual presente en las partes iniciales de cada sección es la razón por la cual la λέξις κατεστραμμένη presenta su mayor grado de desarrollo. Sin embargo, y es una diferencia no menor, en el articulado de esos largos y complejos periodos, un auténtico dolor de cabeza para los editores a la hora de puntuar el texto, la estructuración es realmente meditada: la configuración de estos parágrafos se plantea en secuencias binarias o, en la mayoría de las ocasiones y en lo que se refiere a la estructura oracional, en sistemas triples, en los que se persigue deliberadamente evitar la semejanza o proporcionalidad característica de autores helenísticos. La variatio, ejemplificada tradicionalmente en Tucídides como recurso estilístico, toma esa condición de manera clara en el crítico que es responsable de que aún hoy pensemos en un simple recurso estilístico cuando tratamos la variatio en el de Óloro.

Es esta misma variatio en la que se enmarca el famoso hipérbaton, que se presenta de manera sistemática en el nivel sintagmático de construcción de la frase[xix]. Esta ruptura de la linealidad se produce entre núcleo y complemento, que orbitan, por norma general, en torno al núcleo verbal (Usher, 1982, 828 y ss). A pesar de que se ha pensado en una posible intención de enfatizar el elemento sometido a desplazamiento, la realidad de los datos que hemos observado en el proemio no apuntan precisamente a ello, dado que a pesar de ese desplazamiento, ninguno de los elementos involucrados adquiere una posición que pudiera ser considerada enfática[xx].

En definitiva, la suma de los datos apuntados implica una versatilidad y riqueza del estilo proemial de Dionisio que, partiendo de estructuras muy simples, alcanza un alto grado de complejidad en un modo tal que el desarrollo estructural y de frase caminan parejos, suponiendo dos caras de una misma tendencia.

 

III. DIONISIO Y LA POLÉMICA ESTILÍSTICA DE SU TIEMPO

El análisis del estilo empleado en el proemio tiene como resultado la observación de la profunda complejidad de la prosa empleada. Se observa un fuerte desarrollo de la λέξις κατεστραμμένη hasta niveles extremos, y asistimos a la combinación de forma ecléctica de elementos presentes en la prosa helenística anterior y de los propios de la prosa clásica: la evidencia de los datos analizados nos pone sobre aviso de la presencia de rasgos muy dispares, que, sin embargo, se construyen de manera razonada. El perfecto conocimiento de los autores griegos, tanto helenísticos como clásicos, permite a Dionisio abordar su labor conociendo los defectos de los primeros y las virtudes de los segundos. El evitar la monotonía o los paralelismos son aspectos que bien pudo ver Dionisio en Tucídides, el τὸ πολυειδὲς τῶν σχημάτων[xxi], si bien el hipérbaton continuado, así como la compensada descompensación[xxii] observada a lo largo del proemio responden a algo muy diferente de lo que podemos ver en Tucídides. La arquitectura del estilo de Dionisio en su proemio se sustenta sobre la larga evolución sufrida por la prosa griega, sobre unos moldes forjados en el siglo IV, caídos a ojos de Dionisio en franca decadencia[xxiii], un modo de escribir historiografía, como indicó Lasserre (Lasserre, 147), que nos atreveríamos a definir como propio y personal de autor. El hipérbaton, el más característico de esos recursos, es un proceso que tiene sus antecedentes directos en los usos registrados de manera menos intensa en los prosistas desde Jenofonte[xxiv], pero cuya presencia con una funcionalidad sistemática en Dionisio es una realidad crucial para comprender esa dependencia y a su vez crítica de los usos anteriores de la prosa griega.

Con todo ello presente, parece difícil determinar una definición del estilo de Dionisio en términos de simple vuelta a los modelos del periodo clásico. La reacción ante la forma de redactar los proemios en época helenística supone el empleo de un estilo a medio camino entre la prosa regular helenística y los modos clásicos, pero no la creación de un sistema artificial apegado de manera única a uno de los dos modelos, sino una tercera vía, que en el caso del proemio, dada la habitual complejidad de su redacción, ejemplifica bien esa mixtura.

A nuestro entender, y como ya señalaba López Eire (López Eire, 1991, 67), la línea trazada desde la prosa del siglo V hasta la tendencia asianista es una realidad innegable, lo que permite pensar que el aticismo en esta época[xxv], más que una vuelta a ese estadio de desarrollo del siglo V–IV, supone una reorientación del modo de escribir prosa que vuelve su mirada a ese estadio de la lengua, una etapa bastante menos estable de lo que se creía, en el que las vacilaciones entre ático y la futura lengua común eran ya claras (López Eire, 1991, 87), lo que una vez más nos ha de llevar a pensar en perspectivas flexibles como el mejor modo de acercarse a estos textos.

Todo ello se encuadra dentro del olvido habitual del hecho de que el aticismo es un movimiento romano[xxvi], lo que además obliga a abandonar –al menos en un estadio inicial como el que nos ocupa– precarios estudios sobre léxico o detalles concretos[xxvii], y asumir que la plasticidad funcional que caracteriza al modelado de las diferentes secciones, atendiendo a las posibles reminiscencias o recursos sistemáticos, es la mejor vía para la comprensión de los nuevos tiempos estilísticos. Es Dionisio precisamente quien amplía el estrecho punto de vista de los aticistas romanos para dar una amplitud operativa al movimiento, en un proceso de recaracterización de esa tendencia estilística (Bowersock, 1979b, 57 y ss.). La cercanía de Dionisio a las teorías en boga en la Roma de la época deja claro que trazar una línea entre griego y romano es imposible[xxviii], como es imposible situar a Dionisio de Halicarnaso en el bando clasicista o en el de una prosa de tono común, dado que no son otra cosa que las dos orillas del largo curso de la prosa griega[xxix].

El autor que nos ocupa es seguramente el tenue inicio de la gran eclosión que supondrá la Segunda Sofística, mucho más limitada en su conocimiento de la literatura (Wilamowitz, 9), y paradójicamente más cercana a la composición sin contenido de cuño asianista (López Eire, 1991, 67). Dionisio es un autor preocupado por el fondo tanto como por la forma, y esa será seguramente la mejor de las herencias que podrá dejar a las generaciones venideras.

La importancia de esta polémica, hoy –gracias a estudios como los de López Eire– más simplificada, reside para lo que nos ocupa en la importancia que tiene la figura de Tucídides en el diseño del primitivo proemio historiográfico y su posterior evolución.

La ruptura con los modelos helenísticos de proemio es prácticamente nula, y la línea trazada desde los usos de Polibio hasta los de Dionisio es fácilmente defendible[xxx]  31. Pero ello no es impedimento para que Dionisio haya recuperado mucho de Tucídides, pero sin excesivos servilismos. Los recursos como la variatio, de presencia innegable en Polibio, y caracterizados tradicionalmente como propios de Tucídides, no tienen una deuda insuperable con éste. La reacción contra la prosa helenística se construye, como observamos en el proemio, con la potenciación de rasgos suavizados en época helenística pero que ya formaban parte de la tradición de la prosa griega de manera continuada.

Los balances observados a nivel de periodo, que suponen por su estudiada falta de simetría una reacción a los excesos gorgianistas y por ello asianistas, tienen reflejo en los descompensados pasajes que observamos en el proemio de Tucídides, pero no podemos dejarnos llevar por espejismos: Dionisio construye su sistema de periodos de una manera realmente meditada, creando una red de complejos balances ausente de Tucídides.

De este modo, el proemio estudiado se aleja por igual de la excesiva descompensación de Tucídides y de la candidez de un Lisias, y va más allá en la creación de algo nuevo, que no por ello está privado de la capacidad de hacernos recordar otros tiempos y autores. Pensar en el estilo de Dionisio sin tener presente a Isócrates o Polibio es simplemente imposible, y una vez más, los mecanismos de tradición e innovación se hacen presentes en el proemio para crear algo nuevo.

NOTAS

 


[i] Cf. GABBA (1998), p. 229 y ss., para un análisis de la postura de Schwartz respecto a la historiografía imperial y, en particular para la importancia de Dionisio de Halicarnaso en este esquema, vid. p. 88 y ss.

[ii] Sin afán de exhaustividad, cabe citar la monografía fundamental de GABBA (1996); el trabajo de FOX (1993); el artículo precisamente sobre el proemio de MARTIN (1969); el conjunto de estudios editados por MARTIN (1993), o las recientes ediciones en la colección francesa de los libros primero y tercero, ambas del año 2002.

[iii] Cf. USHER (1982); vid. también los apuntes de FROMENTIN (2002) XLV–XLVII, con la bibliografía antigua. Más sugerentes son los apuntes de LASERRE (1979) pp. 138–147. Sobre las reminiscencias herodoteas cf. E(1942) y recientemente RODRÍGUEZ HORRILLO (2010) pp. 79–82, y OAKLEY (2010) p. 123.

[iv] El trabajo de SCHULZE (2000) § 1, es simplemente un resumen del contenido.

[v] Como señalaba con prudencia LASSERRE (1979), p. 145, nota 6. 

[vi] Cf. USHER (1960), pp. 363–364. En líneas generales cf. DENNINSTON (1954), pp. 58–60, para los usos que presentan los proemios, así como KÜHNER–GERTH (1904), p. 335, y las apreciaciones al respecto de estos dos autores de SICKING (1993), pp. 23–24.

[vii] Sobre este aspecto cf. los apuntes de Martin (1969), p. 199–200, desde un punto de vista no retórico.

[viii] Cf. Hecateo, Fr 1; Tucídides, I 1, 2; vid. HAMMOND (1952), p. 134.

[ix] Las indicaciones de SICKING (1993), pp. 52–53, en torno a que δή implica el conocimiento por parte del lector de información que también posee el autor, abre nuevas perspectivas para la interacción proemial entre lector y autor, de modo que su empleo en la indicación del potencial que ofrece el pasado romano como objeto de una narración histórica, o el mal tratamiento que ha recibido por parte de los historiadores precedentes y su desaprovechamiento por parte de los lectores, es algo que nos lleva a un diálogo entre el lector y el autor a la vista de los predecesores de éste último.

[x] Los cambios en el texto de Dionisio respecto a lo editado en las ediciones modernas de Tucídides pueden verse en PRITCHET (1975), pp. 71–72. Para ese corte, realmente poco armonioso, cf. AUJAC (2002), p. 153.

[xi] Una mímesis derivada, como es natural, de la lectura de las obras clásicas, cf. BOMPAIRE (1958), pp. 40–42, y Dionisio de Halicarnaso, De imitatione, 1, 1; 5, 7 (Aujac).

[xii] Así, Dionisio determina un claro exceso de explicaciones razonadas en el mismo,…τὸ προοίμιον τοσαύτας εἰληφὸς ἀποδεικτικὰς τῆς προθέσεως ἐξεργασίαςcf. Sobre Tucídides, 19; BONNER (1939), p. 87.

[xiii] La idea defendida por SACKS (1982), pp. 65 y ss., como opinión común de la crítica de que las referencias presentes en los opúsculos de Dionisio a los historiadores van dirigidas únicamente a la labor de los oradores–que Sacks justifica como una afirmación del propio Dionisio– está, a nuestro entender, desmentida también por el propio Dionisio en la Carta a Pompeyo, 2, 2, …περὶ τοῦ τίνας ἄνδρας μιμεῖσθαι δεῖ ποιητάς τε καὶ φιλοσόφους, ἱστοριογράφους <τε> καὶ ῥήτορας… Además de este pasaje, en el que se hace clara diferencia entre los cuatro grandes géneros del momento, la propia literalidad del amplio fragmento que transmite Dionisio en esta carta del opúsculo perdido Sobre la imitación apunta a esta idea. Creemos que la aparente polémica que presenta Sacks es, simplemente, una pantalla retórica para justificar un estudio muy necesario.

[xiv] Cf. el trabajo fundamental de ERBSE (1979) para el proemio de Tucídides.

[xv] Sobre Dionisio y sus observaciones sobre los historiadores más arcaicos desde un punto meramente historiográfico, vid. TOYE (1995), pp. 279–300.

[xvi] Cf. BENSELER (1841), pp. 548 y ss., quien admite que, de manera generalizada, Dionisio evita el hiato, y también JACOBY (1874), passim, pero cf. Dionisio de Halicarnaso, Carta a Pompeyo, 6, 10.

[xvii] Cf. USHER (1982), p. 828. Para una visión de los diferentes niveles de λέξις baste remitir a LÓPEZ EIRE (1985), pp. 37–63.

[xviii] Cf. USHER (1982), pp. 822 y ss. Como señala Usher, la mayor crítica a Isócrates por parte de Dionisio se centra en la monotonía que imprime a este uso, que Dionisio supera con facilidad. La afirmación de USHERIbidem, p. 823, nota 45, acerca del uso del participio ἐνθυμούμενος como medio para esa prolongación “racional”, se queda, a nuestro entender, muy atrás en lo que al proemio se refiere, dado que la complejidad es realmente mayor. 

[xix] Cf. USHER (1960), p. 359, quien señala como fundamental la dualidad existente entre la construcción de los periodos y de los sintagmas. Usher reconoce únicamente como hipérbaton la dislocación a nivel de sintagma, y no de oración, idea que asumimos como válida, dado que el orden medianamente laxo de la lengua griega impide emitir consideraciones a este respecto. Sin embargo, no hemos detectado nada especialmente reseñable a este respecto, salvo el desplazamiento de antecedente respecto a su oración relativa.

[xx] Así, en I 1, τοὺς εἰωθότας ἀποδίδοσθαι τοῖς προοιμίοις τῶν ἱστοριῶν λόγους ἥκιστα βουλόμενος,…; o I 2, ὑποθέσεις προαιρεῖσθαι καλὰς… etc. La posibilidad de pensar en cuestiones de ritmo, como señala USHER (1982), p. 829, es algo de difícil demostración, por lo que seguimos apuntando a la obsesión por evitar la ὁμοιότης.

[xxi] Dionisio de Halicarnaso, Sobre Tucídides, 24.

[xxii] La idea de USHER (1960), p. 362, de considerar el empleo de correlaciones como un sistema para evitar el empleo de μὲν… δέ, no hace justicia a los continuos intentos por evitar el paralelismo por medio, fundamentalmente, del hipérbaton.

[xxiii] No sabemos si se ha de sostener a la ligera la afirmación de WILAMOWITZ (1900), p. 8, de que la historiografía helenística era ya un simple depósito de datos, pero todo parece apuntar que, por ejemplo, un autor como Polibio era ya ajeno a un autor como Cicerón.

[xxiv] Cf. USHER, 1960, pp. 359 y ss., con datos en p. 360.

[xxv] Para las cuestiones de nomenclatura, vid. GELZER (1979), pp. 3 y ss.

[xxvi] Cf. RADERMACHER (1899), p. 360; WILAMOWITZ (1900), pp. 13 y ss.

[xxvii] Vid. RADERMACHER (1899), p. 360, y de manera contundente DIHLE (1957), pp. 177–179; BOWERSOCK (1979), p. 75, quien recuerda que Quintiliano XII 10, 27, afirma atque in hac tamen opinione perseverantes Graecos magis tulerim. Cf. también SWAIN (1996), pp. 20 y ss. 

[xxviii] Cf. RADEMACHER (1899), p. 362, quien nos recuerda que la definición del estilo ático de Cicerón, Orator, 75 y ss., es perfectamente válida para, por ejemplo, Dionisio. Como bien señala GELZER (1979), p. 18, el origen de este desajuste se debe situar en la influencia griega en la retórica y literatura romana anterior a la época que nos ocupa. Es imposible, como el propio autor reconoce, dar nombres, pero lo que realmente nos interesa es el hecho de que, si bien el aticismo nace de manos de los griegos para romanos, la difusión posterior en ambas culturas se hace sin que sea fácil delimitar fronteras claras.

[xxix] Cf. LÓPEZ EIRE (1991), pp. 71 y ss. Cf. p. 101, “…de lo que precede se deduce que no es acertado separar tajantemente aticismo y asianismo, aticismo y koinéLas dos tendencias, los dos estilos convivieron y se interpenetraron. El escritor aticista, nostálgico del pasado, recoge, junto a los repertorios aprendidos, giros y expresiones que no son tan pura y castizamente áticos como él se cree. Y, al mismo tiempo, jamás consigue reproducir cabalmente la prosa que trata de imitar.”

[xxx] Sin que ello sea un baldón, como indica FROMENTIN (2002), p. XLVII, respecto a la apetencia de esa mezcla por parte de Dionisio.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Agradecimientos

Este trabajo se realizó en el marco que ofrece el proyecto FFI2011–27501.