El Guiniguada. Revista de investigaciones y experiencias en Ciencias de la Educación 24 (2015), pp. 10-15

Print ISSN: 0213-0610 – eISSN: 2386-3374

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El Guiniguada. Revista de investigaciones y experiencias en Ciencias de la Educación

eISSN: 2386-3374

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Reflexiones sobre el valor actual del gobierno de Barataria y la quijotización de Sancho


Esther Bautista Naranjo

Universidad de Castilla-La Mancha


Article first published online: 31/03/2016 Article published online with DOI added: pending


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Reflexiones sobre el valor actual del gobierno de Barataria y la quijotización de Sancho



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Esther Bautista Naranjo

Universidad de Castilla-La Mancha esther.bautista@uclm.es


RESUMEN

En este artículo exploramos el quijotismo que aflora en Sancho Panza al aceptar el trabajo como escudero bajo la promesa del gobierno de la ínsula Barataria. Esta “tierra prometida” se convierte en el objeto de deseo de este rústico campesino que desea adoptar una nueva identidad de la misma manera que su amo deviene un caballero andante bajo la influencia libresca de las caballerías. Se analiza también el valor actual del gobierno de Sancho Panza, con sus aciertos y desaciertos, sus logros y sus dificultades.

PALABRAS CLAVE: reflexión, Quijote, quijotización, Barataria, Sancho Panza ABSTRACT

In this article we explore the outcropping quixotic Sancho Panza in accepting the job as squire under the government's promise of the island of Barataria. This "promised land" becomes the object of desire of this rustic peasant who wishes to adopt a new identity in the same way that his master becomes a bookish knight under the influence of epic tale. The present value of the government of Sancho Panza, with its successes and failures, achievements and difficulties are also analyzed.


KEYWORDS: consideration, Quixote, quijotización, Barataria, Sancho Panza


INTRODUCCIÓN

Quijote-Sancho; Sancho-Quijote. Como bien rezaba la popular cancioncilla, este entrañable par resulta indisociable. El personaje de Sancho es una creación extraordinaria de Cervantes a la que se pueden atribuir múltiples valores: lingüísticos (el habla directa del pueblo frente a la pedantería literaria de don Quijote); psicológicos (el pragmatismo frente a la fantasía); físicos (la carne frente al intelecto); morales (las máximas y sentencias de don Quijote contrastan con los refranes populares con los que Sancho ilustra su pensamiento); literarios (el analfabetismo frente a la erudición); culturales (lo popular frente a lo escolar), etc. Los románticos vieron en ellos la encarnación de la extraña pareja, aunque la evolución de los personajes exigía una revisión de esta afirmación, ya que ambos moldean sus personalidades en base a su



creciente amistad, que termina por ser el verdadero logro de don Quijote. “Sancho es también otro caballero de otro ideal”, afirmó Alonso (1962: 9) siguiendo a Unamuno y Papini. En efecto, Sancho forma parte del entorno lógico y anodino que frustra los ideales del hidalgo soñador, y, sin embargo, es el único elemento de este decorado que, progresivamente, se deja imbuir de la esencia fantasiosa del que todos consideran un loco. De los innumerables matices y aspectos que podrían analizarse sobre esta fructífera relación, desearía incidir en la importancia de la promesa de la ínsula Barataria como objeto de deseo del rústico y sagaz escudero y su paralelismo con la ilusión libresca que sufre y defiende su amo y mostrar cómo esta complementación puede servir como ejemplo de las quimeras populistas de reciente pujanza en nuestra escena política. También se hablará de la aplicación de esta interpretación a la didáctica de la literatura.


SANCHO, ACÓLITO Y DISCÍPULO DE DON QUIJOTE

Según observó René Girard (1961), la dinámica del deseo que surge en un determinado sujeto hacia un objeto cualquiera no discurre en línea recta, sino de forma triangular, pues entre ambos se encuentra un elemento mediador que hace brotar la pulsión orientándola hacia la dirección deseada. En el caso de Alonso Quijano resulta evidente que el objeto de deseo es la fama y el renombre a través de la historia, para lo cual toma como ejemplo y modelo las caballerías y, sobre todo, a Amadís de Gaula, de quien se considera discípulo y a quien pretende imitar. Lo que le sucede a Sancho es similar: para salir de su existencia mediocre y apurada de medios económicos tiene que tomar un modelo que le permita orientarse hacia su objeto deseado, la ínsula Barataria. El modelo es don Quijote, a quien él toma por un verdadero caballero y por un guía, de tal forma que llega a erigirse como un “hijo de su imaginación”1 (Enciso y Pérez, 2005: 71). La verosimilitud que él otorga a aquel a quien todos los demás consideran un loco deja traslucir el denostado entendimiento que acucia a los ignorantes. Sancho encarna el conocimiento práctico del mundo, pero intelectualmente es superado por un héroe autoproclamado cuyos hechos desdicen la propia imagen que él tiene de sí mismo. Este marcado antagonismo acentúa aún más su complementariedad, que resulta más evidente en el momento real de la gobernación.

La esperanza de amparar viudas y doncellas, desfacer tuertos y hacer el bien en el mundo, y, más adelante, de desencantar a Dulcinea, mantienen viva la ilusión de don Quijote, el caballero que sigue la estela de Amadís y pretende restaurar los viejos tiempos gloriosos descritos en las caballerías. A través del mediador de los libros, don Quijote pretende conseguir fama y amor eternos. Sancho tiene que creer en la verdad de su mediador para ver cumplido su sueño de alcanzar una vida mejor, con una cierta opulencia y el respeto de sus conciudadanos, al mismo tiempo que, en el plano de la vida íntima, podría cubrir a Teresa con agasajos y procurar una buena dote y marido a Sanchica. La promesa de Barataria juega el mismo rol para Sancho que el amor de



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1 Sancho es, en efecto, el único personaje que cumple de buen grado y satisfactoriamente con el rol que don Quijote le ha adjudicado desde su conversión al mundo caballeresco. Ofrece mayor resistencia Rocinante, que es enclenque y cobarde, o Dulcinea, que ni siquiera llega a tener una entidad física concreta, y aún desde el ideal, resulta estar encantada y ofrece obstáculos a la unión amorosa con el caballero.



Dulcinea y el pasaje a los anales de la historia para don Quijote, y por esta razón son tópicos recurrentes en la narración como objeto del viaje y recompensa a las aventuras y los pesares que han de soportar. Desde la esfera de la lógica y la parodia, el lector entiende que el gobierno es una farsa y la ínsula no es más que un pueblo cualquiera, de la misma manera que los gigantes son molinos para don Quijote. Sin embargo, como producto de su quijotización, Sancho tiene que otorgar verosimilitud a la ínsula para ver colmado su deseo.

Los episodios que narran el gobierno de Sancho dejan traslucir el máximo apogeo de su peculiar locura: el entusiasmo inicial provocado por las loas y las servidumbres dejan paso a la decepción cuando la realidad no se amolda a sus deseos, preludiando así el desenlace que ha de sufrir su amo más tarde. Don Quijote, adoptando una actitud casi paternalista, le ofrece unos consejos serios que quedan lejos de los desacertados discursos y parlamentos que pronuncia acerca de las caballerías. Sancho se enfrenta a su gobierno con aplomo y entereza, pero la realidad le sobrepasa porque no acierta a aplicar de forma práctica las enseñanzas de su amo. Así como don Quijote no consigue que el mundo sea como él ha leído, Sancho se ve sobrecogido por las dificultades del buen gobierno. Las misiones a las que ambos tienen que enfrentarse responden a un mismo paradigma: el paso del conocimiento teórico al práctico.

Don Quijote interpreta el mundo según los libros; Sancho debe resolver casos que ejemplifican sus refranes2. El caballero no distingue la realidad de la ficción, el escudero no discierne el bien y el mal. Mientras que, para el primero, el ideal consiste en impartir justicia mediante la espada, el segundo desea hacer lo propio aplicando el sentido común, pero la realidad resulta en ambos casos demasiado compleja y adversa, provocando el advenimiento de sendos desengaños, aunque con distintos matices. Alonso Quijano es vencido desde el ideal por Sansón Carrasco disfrazado del Caballero de la Blanca Luna, y en su retiro forzado se deja morir, aniquilando antes a don Quijote y abominando de sus quimeras pasadas. De manera similar, Sancho desiste de su gobierno para volver al lado de don Quijote, reconociendo el error en su deseo de ser gobernador3, pero su ideal se regenera y evoluciona hacia la vida pastoril, en la que desea hacer partícipe a su amo también.

Sin embargo, antes de morir, don Quijote da un golpe de efecto tras renegar de su vida caballeresca anunciando su reconversión hacia el altruismo, autodenominándose “Alonso Quijano, el Bueno”. Ha purgado su carácter beligerante y sus ansias de gloria para reducirse a un benefactor que sólo ha deseado hacer el bien en el mundo. Esta cura de humildad atañe también a Sancho cuando abomina la vida en sociedad, la utopía del poder, y anhela ir a vivir al campo como pastor junto a su amigo. Es la muerte de este, en última instancia, la que frustra la feliz regeneración de sus ideales, aunque el trance final del ingenioso hidalgo no deja de poner en relieve la “curación” de la locura de Sancho, pues, al ser el único que llora sinceramente su muerte, resulta que el aprecio de la amistad y del compañerismo han constituido su verdadero aprendizaje.



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2 Sobre la temática concreta de las aventuras de Sancho gobernador, que aquí no puedo abordar por límites de espacio, véase Gorla (2005) y Santos (2008: 134-5).

3 Leonardo Castellani dio al escudero una segunda oportunidad en El nuevo gobierno de Sancho (1964).



CONCLUSIONES: VALOR ACTUAL DEL GOBIERNO DE SANCHO

Deberíamos preguntarnos cuál es el valor que el efímero gobierno sanchopancesco, con sus aciertos y sus errores, sus logros y sus dificultades, puede transmitir a nuestro mundo actual, en el que la clase política y los organismos económicos han caído en un descrédito general y se ven cada vez más indignos y privados de la confianza de los ciudadanos. El panorama dibujado tras las últimas elecciones, con la notable pujanza de fuerzas populistas y movimientos surgidos de entre la masa ciudadana y no de entre una élite que ya se juzga incompetente presenta la huella indeleble del gobierno de Barataria, donde los aldeanos eran regidos por las directrices de uno de sus iguales. He aquí la moraleja: desde el exterior, Sancho entra como escudero y sale ricamente ataviado; en su fuero interno, llega feliz y sale desamparado (cayendo simbólicamente en la sima), aunque, en su balance global, Cervantes le conserva un halo de esperanza.

Resulta interesante observar, a modo de conclusión, que uno de los principales consejos que don Quijote da a Sancho es el que mejor cumple: “has de poner los ojos en quien eres” (II, xlii, 868), del mismo modo que él mismo afirmaba, al inicio de sus andanzas, “Yo sé quién soy” (I, v, 58) porque eso es precisamente lo que logra conseguir al desengañarse del ideal del gobernador, de tal forma que, pretendiendo gobernar a los demás, sólo consigue conocerse a sí mismo. Que juzgue cada cual si esa sabiduría está o no ligada a la ciencia política, y si esta puede ofrecer hoy en día un desenlace distinto al desengaño del bueno de Sancho. Más allá de esta parábola (tan debatida en los círculos cervantinos y a la que, por límites de extensión no hemos podido atender con la suficiente atención) que aquí se ha interpretado en términos políticos, este episodio puede aplicarse a la didáctica de la literatura como un ejemplo de cuento moral (hay que saber conformarse con lo que uno tiene, hay que dominarse a sí mismo antes que pretender gobernar a los demás), a la par que resulta un ejemplo universal y que, por tanto, siempre estará de plena actualidad, del ansia de poder y las dificultades del buen gobierno. De esta forma, los alumnos pueden ver reflejados en este episodio temas y problemáticas que son tan inherentes a los lectores coetáneos de Cervantes como a nosotros mismos.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


Alonso, D. (1962). “Sancho-Quijote. Sancho-Sancho”. En Del siglo de oro a este siglo de siglas. Notas y artículos a 350 años de letras españolas. Madrid: Gredos, 9-19.

De Cervantes, M. (2007). Don Quijote de la Mancha. Madrid: Punto de lectura.

Enciso, J. y Pérez, M. J. (2005). Sancho Panza, “entre la realidad y el deseo”. Didáctica,

17, 69-88.

Girard, R. (1961). Mensonge romantique et verité romanesque. Paris: Bernard Grasset, 1992.

Gorla, P. L. (2005). “El gobierno de Sancho: entre experiencia y conocimiento”. Actas del XXIII Coloquio dela Associazione Ispanisti Italiani. Centro Virtual Cervantes,



73-80. ‹http://cvc.cervantes.es/literatura/aispi/pdf/21/I_08.pdf› [Consultado el 17 de agosto de 2015].

Santos, A. (2008). Barataria, la imaginada. El ideal utópico de don Quijote y Sancho.

Alcalá de Henares: Centro de estudios cervantinos.